Programas de Festejos
Estoy seguro de que en alguna ocasión lo que os voy a contar nos ha ocurrido muchos. Todos tenemos en casa "un cajón de sastre" donde vamos acumulando facturas, recibos, tickets de compra para posibles devoluciones, garantías de electrodomésticos con sus respectivas instrucciones de uso en mil idiomas, publicidad de ofertas de supermercados, catálogos, etc., etc., etc. Y llega un día en el que decimos: "Se acabó; de hoy no pasa. A éste cajón le meto mano ahora mismo". Y como pensamos que la tarea va a ser rápida, hacemos dos montones: "lo que vale" y "lo que no vale". Y al final no sé qué pasa que siempre hacemos otro montón, el de "luego lo miro bien por si acaso vale". Y a medida que vamos condenando la publicidad de los supermercados al montón de "no vale" y salvando las garantías de los electrodomésticos en el montón de "sí vale", va y nos aparece un programa de las fiestas del pueblo. Nuestra primera intención es dejarle en el montón de "no vale", pero inmediatamente algo pasa por nuestra mente y le dejamos en el montón de "por si acaso" y después, cuando damos un respiro al cajón y nos sentamos en el suelo hartos de sacar papeles, cogemos el programa, le ojeamos, sonreímos y al final, le dejamos en el montón de "sí vale".
¿Pero qué tienen los programas de festejos que no podemos deshacernos de ellos?
Los programas de festejos son la avanzadilla de las fiestas del pueblo. Y las fiestas del pueblo, para la gran mayoría, son sinónimo de alegría e ilusión, de recogimiento y devoción, de reuniones con familiares y amigos, de peñas, de aperitivos y comidas, de trajes y vestidos, de bailes, de juegos, en definitiva, de días largos llenos de diversión. Cuando los ojeamos, nuestra mente es capaz de traernos el olor a la pólvora de los cohetes, al incienso y a las flores de las procesiones y actos religiosos. Y podemos, incluso, oír el sonido de los tambores de la banda de música, y el de las campanas de la iglesia, y recrear el ambiente de las verbenas, los bocinazos de las atracciones, el olor a los churros, al algodón dulce, etc. Pero además, en los programas de las fiestas del pueblo sale la gente del pueblo. Y como encima el programa tenga unos añitos, entonces ya sí que podemos dar por finalizada la tarea de organizar el "cajón de sastre" porque no hay quien nos aparte del programa. Como documento de archivo y como fuente para el estudio de la historia reciente del municipio, el programa de festejos tiene un gran valor. En ellos, además de recordar quién era el Alcalde y los Concejales, el Párroco, o el presidente de la Hermandad, en sus páginas se anuncian negocios y establecimientos del pueblo que en la actualidad puede que ya no existan (bares, pubs, tiendas de comestibles y supermercados, etc.) y nos despierten cierta nostalgia por el paso del tiempo. Y muy probablemente, si los programas tienen más de cuarenta años, también nos revelarán los nombres de unas calles que los más jóvenes no conocerán porque conmemoraban a personas de otro tiempo y contexto político. Y es que, los programas de festejos cambian y evolucionan al compás de su pueblo y su Ayuntamiento. Y año tras año aumenta el número de páginas, la gama de colores, el número de las fotografías de quienes participan en la confección de las actividades y actos, aumenta el gramaje y la calidad del papel; y también aparecen nuevas actividades, concursos, espectáculos y secciones como la de las reinas y las damas o la de los niños y niñas nacidos en el último año. ... Y cerramos el programa porque ya nos duelen las rodillas de estar sentados en el suelo con las piernas cruzadas delante del "cajón de sastre" que al final hemos dejado como estaba porque nos hemos entretenido con el dichoso programa de festejos. Pues eso es lo que queremos con esta exposición virtual; que os entretengáis un rato recordando vuestras fiestas, vuestra gente, a vosotros mismos. Y por eso esta exposición os la dedicamos a vosotros, a los choceros y choceras que este año nos hemos quedado sin fiestas porque un virus nos ha prohibido lo que más nos gusta: estar con los nuestros celebrando nuestras costumbres. Por cierto, si después de ojear el programa de festejos hay quien piensa que debe ir al montón de "no vale", que le traiga al Archivo Municipal; que ha nosotros sí que nos vale. Nuestro "cajón de sastre" es enorme porque es el de todos; y de él queremos sacar muchas cosas para enseñároslas.
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